Afleveringen
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El Evangelio consigna palabras que María dirigió al ángel, a santa Isabel, a su Hijo, y a los hombres en general. Esas fueron: “Hagan lo que Él les diga”. Receta para ser felices y santos. El amor siempre busca complacer al Amado, por lo que no nos basta cumplir lo preceptivo. Queremos agradarlo en cada momento, y eso sucederá al identificar los quereres.
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El Padre celestial se refiere a su Hijo como el Amado. ¿Lo es también para mí? ¿Es mi mundo interior un continuo encuentro con su mundo interior? El mayor bien, en realidad el único bien, se encuentra en el amor al Amado. La vida divina que está en cada uno de nosotros se despliega en los encuentros con el Amado.
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Zijn er afleveringen die ontbreken?
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Para conocer y contemplar a la Santísima Trinidad fueron creados los ángeles en el Cielo y los hombres en la tierra” (León XIII). Somos muy afortunados de haber recibido la revelación de Dios en su vida intratrinitaria: no lo fueron los justos del Antiguo Testamento y tampoco la aceptan otras muchas confesiones religiosas. Hemos de agradecer ese conocimiento, profundizar en él y contemplarlo, como adelanto de la eternidad.
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Las bienaventuranzas son la carta magna de la enseñanza moral de Jesús. Sobre ellas se han escrito muchos libros, pues resultan inagotables. Veamos algo de la primera: “Bienaventurados los pobres, porque de ellos es el reino de los cielos”. Pobre es aquel que reconoce su nada al tiempo que se abre al todo de Dios.
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Al principio de los signos, encontramos a María. Intercede por el vino. Ese signo se culminará en la Última Cena, cuando el vino se convierta en sangre. A Ella le pedimos que interceda por nosotros para ver sangre en cada Eucaristía. Sabernos empapados y embriagados con ella cada vez que comulgamos.
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San Pablo se siente turbado al darse cuenta de que ha sido elegido para dar a conocer el misterio oculto por los siglos: que hemos sido creados para llenarnos de la plenitud de amor de Cristo. Y nos invita a tratar de comprender con todos los santos cuál es la altura y la longitud, la anchura y la profundidad de ese amor.
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En la parábola del sembrador nos hace notar Jesús que la semilla es lanzada a voleo, es decir, que la concesión de sus gracias es continua. En el primer lugar donde se lanza la semilla se advierte el riesgo de estar distraídos, y entonces el enemigo impunemente se la roba. Permanezcamos atentos a la voz interior en la que se percibe la comunicación divina. Evitemos la dispersión y el ruido.
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“Jesús es el mismo ayer, hoy y siempre” (Hebreos 13, 8). Enseñanza luminosa, que nos cuestiona sobre nuestra percepción de Jesús, nuestro conocimiento personal, con la cabeza y el corazón, de Él. Lo conocemos en el hoy, pero a través de las fuentes, y así lo proyectamos en el Cristo de la eternidad. ¿Qué grado de realización de su forma de ser, de su Humanidad Santísima, tengo de Él?
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Cada bienaventuranza es como una moneda de oro que cae en la alcancía de nuestro corazón. Ocho secretos para ser feliz. La cuarta nos habla de la bienaventuranza de los que tienen hambre y sed de justicia, lo que implica muchas vertientes. La primera, tener hambre y sed de que Dios sea amado, correspondido. También hace referencia a que tengamos hambre y sed de Dios, por encima de cualquier otro deseo del corazón, e incluso a la suma de ellos.
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¿Estamos teniendo problemas para hacer la oración? Vayamos a tomar lecciones con el mejor maestro: san José. Su trato familiar, continuo, fidelísimo, confiado, amoroso con Jesús y María será para nosotros una pauta perfecta para orar. Su fidelidad lo lleva a no estar en otra cosa: lo primero para orar bien es poner atención.
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Las dos tendencias de las escuelas rabínicas en tiempos de Jesús se dividían entre quienes multiplicaban los preceptos y quienes buscaban el meollo de la revelación. Ahí la razón por la que un escriba le pregunta a Jesús sobre el primero de los mandamientos. Intentemos aplicar el “método” de nuestra vida: no dedicarnos a lo urgente sino a lo importante, es decir, a crecer en el amor a Dios.
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Jesús comienza en solitario su predicación, pero pronto se ve rodeado de seguidores. En un momento dado, después de orar, elige a sus apóstoles. Esa elección procede del misterio de comunión entre el Padre y el Hijo. Y el primer motivo de esa elección es “para que estuvieran con Él”. El que es llamado al apostolado necesita un conocimiento personal del Maestro, advirtiendo que se trata de Alguien único, no asimilable a ningún otro líder humano.
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Hoy podemos lucrar indulgencia plenaria por llevar el escapulario del Carmen. Reconozcamos ese detalle maternal de María que nos quiere dar un vestido en el que se manifiesta su constante protección. Dios ha querido manifestarnos su amor, su poder y su cercanía a través de un corazón materno.
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Hoy, 15 de julio, celebra la Iglesia la memoria de san Buenaventura, uno de los más grandes teólogos de la historia. Su firme dirección de la Orden franciscana impidió el peligro de desvirtuar el carisma del fundador. Es conocido no solo por sus aportaciones a la teología sino también a la mística, particularmente en su Itinerarium mentis in Deum. Se trata de un hermoso compendio del itinerario de amor al Señor.
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Valorar el regalo: Jesús ha muerto en agonía para que nuestros pecados fueran fácilmente borrados: basta la contrición y la confesión de ellos. Es una acción sagrada en la que vamos ante el tribunal de Cristo. Estamos invitados a ponernos en presencia de Dios antes de acercarnos al confesonario, para enfocar el sentido de nuestro dolor: el que hemos causado a Aquel a quien amamos. Poner en práctica el carisma de la Obra: la confesión, pues de otra manera, estaríamos andando por las ramas.
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El relato del pecado original recogido en el Génesis nos recuerda el enorme daño para el hombre y para el cosmos que causo la culpa primera. Intentemos no acostumbrarnos a la presencia del pecado, de manera que siempre nos produzca un saludable shock. Situaciones frecuentes de pecado que se han convertido en un dato sociológico, pero que encubren una profunda iniquidad. Cuando el universo no puede más, reacciona, y Dios permite que se produzca una catarsis de equilibrio.
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El Verbo de Dios es también carne humana, es el objeto de nuestro amor. Busquemos la identidad con Él en la Eucaristía, en la oración, en la cruz. Hemos de morir al yo para vivir en Él. Él me lo pide: Vengan a mí…, tengo sed…, permanezcan en mí... Gritos de anhelo de unión: todo lo mío es tuyo. Toma mi Carne, mi Sangre, mi Espíritu, mi Madre, la eternidad…
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Invitaba san Benito a no anteponer nada al amor de Cristo. En primer lugar, porque ninguna consideración es más importante que la verdad del amor de Cristo por mí. Después, porque debo orientar toda mi vida a cuidar y acrecentar el amor que a Cristo le tengo. Ese amor se logra con el trato, y mucho ayuda también hacer continuos actos de amor, aunque parezca que solo son de boca.
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¿Por qué la gente que veía al santo Cura de Ars decía que veía a Dios? Porque tenía mucha gracia santificante. ¿Qué decir entonces de María, la llena de gracia? La gracia es la santidad, es la filiación divina, es la vida eterna. Un regalo del todo excepcional, que hemos de valorar y acrecentar. Animemos a los demás a vivir siempre en gracia y a cuidarla.
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“La voluntad de mi Padre consiste en que todo el que vea al Hijo y crea en Él, tenga vida eterna” (Juan 6, 40). Podemos ver al Hijo con los ojos de la fe en la oración cósmica, en la que lo descubrimos como causa ejemplar, “por quien todo fue hecho”. Y también en su realidad encarnada, sabiendo que, al ser hombre, “se puede tratar y hablar con Vos como quisiéramos” (Santa Teresa).
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